Ni Caros, Ni Baratos
Es éste un cute little italian restaurant que está en Mass Ave en Porter, muy cozy y muy moderno, limpio y agradable, muy popular para el lunch entre los trabajadores de la zona, pero que sorprendentemente está abierto hasta las 10 o las 11 de la noche. La comida italiana era magnifica y distinta, un antipasto enorme, vino tinto. Una maravilla. Lugar perfecto para llevar a una americana en tu first date, demostrando tu extenso conocimiento de los restaurantes buenos y no muy caros. No os dejéis engañar por las apariencias, por fuera parece el típico deli con sandwiches y barras de pan, pero detrás están las mesas. Magnífico. Y aunque no está en Davis, cae cerca.
La mayoría de la gente conoce el Grendel's por su zona de copas en el sótano (en la que sirven los aperitivos, de lunes a jueves a partir de las 9 de la noche, a mitad de precio), y se olvidan de que el piso de arriba es un restaurante magnífico. Yo me comí una lasaña muy sabrosa, y el menú no es extenso pero muy apetecible, con la mejor salad bar en millas a la redonda. Y tienen hasta fondue de queso. Probadlo, luego os tomáis unas copas en el piso de abajo, y habréis experimentado un clásico de Harvard Square. En los años 70 Grendel's ganó un juicio contra la iglesia que hay en la misma manzana, que amparándose en una carpetovetónica ley que permitia a las iglesias vetar los bares alcohólicos a cierta distancia, quería impedir que se estableciera Grendel's. Fueron hasta el Tribunal Supremo y todo.
Como a diez metros de Grendel's, The House of Blues es, cómo no, más conocida por sus conciertos (obviamente, de música azul y triste) que por el restaurante del piso de arriba, el que tiene la ventaja de que no hay que pagar entrada, como en el piso de abajo. La comida es abundante, pero no deja de ser la comida de siempre. Cómo no, pedí baby back ribs y no estuvo mal.
Un irlandés muy normal, pero bastante concurrido por la gente de BU y de los colleges musicales de Boylston/Mass Ave. Buen ambiente, buena cerveza, y unas magníficas alas de búfalo que tiran de espalda, grandes, sabrosas y picantes. El plato extra large tiene 40 alas y hay suficiente comida para tres famélicos clientes. Perfecto si vas de compras al Tower Records, o por esa zona al final de Newbury.
El japonés por excelencia. Magnífico sushi, de todas las clases existentes. Hay dos Ginzas, que yo sepa, uno en Chinatown y otro en Beacon Street en Brookline, un poco mas allá de Kenmore. Para que entre en la clasificación de "ni caro, ni barato", hay que pedir el sushi en platos de combinación, que te pongan un poco de cada y no te cobren mucho, porque si pides el sushi a la carta, como hacía nuestro singular Valeriano, que era un asiduo, te sale por un ojo de la cara. Y a mí siempre me ha parecido muy curioso, pero en los japoneses nunca te ponen mucha comida, el que tenga intención de atracarse en un japonés que prepare la Visa Oro. Un buen detalle a tener en cuenta es que el de Chinatown está abierto hasta las cuatro de la mañana. Aunque por qué alguien querría aventurarse por esos barrios a esas horas intempestivas sigue siendo un misterio para mí.
Éste es un italiano bastante interesante y concurrido en Beacon Street, en Brookline, entre el Coolidge Corner y el Cleveland Circle. Muchísimas mesas y muy juntitas, hay que ir con cuidado para no meter el codo en el plato de espaguetis del vecino de la mesa de al lado, pero el hecho de que el plato mida medio metro de diámetro (y lleno hasta los topes) ayuda. Como veis, la comida es abundantísima (también ofrecen medios platos, aunque curiosamente, no a mitad de precio). Vale la pena probarlo si estais en el área. Y hay varios más por la ciudad. Yo cené muy bien, me puse las botas.
Otro pseudo-mexicano con pretensiones, como el Picante. Está en Teele Square (o Telele Square para los amigos), la placita que está un poco mas arriba que Davis. Otra vez la comida no tiene gran cosa de mexicano, pero no está mal. Me hizo gracia una hamburguesa vegetariana que tienen que en vez de grasienta hamburguesa tiene un champiñón enorme (tamaño hamburguesa), y que venía con todos los aditamentos de la hamburguesa: panecillo, queso, lechuga, tomate, etc... Como una verdadera hamburguesa pero sin hamburguesa. Pero por lo demás la comida no merecía ninguna mención especial del jurado.
Muchísima comida, todos los platos vienen con arroz y beans, en un plato aparte, y el arroz y las beans ya servirían para alimentar al mas pintado. Pero luego además viene el plato de carne, tocino a la plancha, empanadas, una cosa magnífica. Y no os olvideis de pedir un jugo natural, de maracuyá, por ejemplo, con leche, que es denso y más sabroso que la comida. Si no fuera porque está tan lejos iría mucho más. No tienen alcohol aún, porque por no sé qué razón la Commonwealth de Massachusetts no les otorga la licencia, pero están en ello. Cuando uno pueda tomarse un buen vino tinto con el bistec aquello sera el acabóse, y entonces me guardaré el jugo para postre... Ah, por cierto, la comida es colombiana, de ahi el nombre.
Éste no es ninguna maravilla, pero vale la pena por el ambiente. Habéis visto en las películas esos sitios estilo años cincuenta, que son un vagón de tren aprovechado (en serio) con unas cuantas booths y un mostrador muy largo, que sólo sirven hamburguesas y huevos revueltos y pancakes para desayunar? Pues eso es el Rosebud. El sitio mas entrañable de Somerville, en Davis Square, como no, y funcionando ininterrumpidamente desde los años 40.
El clásico brunch de Inman Square. Parece que en domingo toda la ciudad esté desayunando en S&S. Preparaos a esperar media hora, a pesar de que debe haber como quinientas mesas. Pero claro, eso quiere decir que es bueno, y efectivamente, el menú es extenso, más allá de los huevos con pancakes, con auténticos platos que dan para una comida más que para un desayuno, sobre todo para españoles que estamos acostumbrados a desayunar ligero. Pero de veras vale la pena probarlo, todo el mundo lo hace. Iros para allá un domingo de éstos a las 2, cuando los americanos ya se han ido, y pegaos una comilona de cuidado.